EL ENTORNO. (Ramón Acuña Carrasco)

“El entorno modela el carácter y la fortaleza de sus habitantes.” Lo dijo el Doctor en Ciencias Ambientales de la Universidad de Chile, don Raúl Morales Segura, en el encuentro del día 21 de Agosto, en el Club de Tenis de Llolleo, invitado por el Comando Ciudadano por los Derechos de San Antonio, lo que reafirmó en sesión del 5 Septiembre en sesión del Concejo Comunal de la Ilustre Municipalidad de San Antonio; evento oficial al que fue invitado a exponer respecto al proyecto de almacenamiento de ácido sulfúrico en la Zona Portuaria, en el concepto de quienes allí estuvimos, una drástica alerta ante inquietantes anuncios de inversiones peligrosas que vendrían a quedarse en el Área Urbana de San Antonio. Una intervención clara, directa, científicamente documentada y de todo punto de vista necesaria para echar luces sobre la desinformación y el ocultamiento de una verdad que la comunidad san antonina debe conocer. De este encuentro y del reconocimiento oficial manifestado surge la preocupante realidad que este municipio carece de recursos para una asesoría que responda a las exigencias técnicas de proyectos de la magnitud del que se pretende emplazar en nuestro entorno. La biodiversidad fue parte tan importante como la anterior en su discurso, en especial el borde costero, patrimonio defendido en todas partes del mundo.

Otro punto de preocupación en la línea de alteración del Medio Ambiente está el Fundo El Piñeo cuyos senderos nos fueron familiares en los paseos de la juventud o en las clases de dibujo al aire libre de don Eduardo Steude, en el tiempo inolvidable del Liceo Nacional, y de las caminatas por la línea férrea de los vagabundos llolleinos que un día fuimos; los de la plaza y la estación, los de la playa y sus “pichangas”, borde mar hoy víctima de una agresión flagrante del feudalismo empresarial cuyo avance nos obliga a una vigilia permanente. El Estero El Sauce cumplía el curso ancestral de sus aguas con amplia plataforma aluvial para alivianar sus crecidas, flanqueado por dunas filtrando el aire que se deslizaba puro a la fuente llolleína, internacionalmente recomendada para tratamientos de enfermedades cardíacas. Esa era la identidad del balneario que conocimos, tanto como las cúpulas de sus edificios y la profusión de palmeras que trazaron siluetas de atardecer en el recuerdo de tantos que por aquí pasaron.

El crecimiento ha sido un verdugo para nuestro entorno. Lo que no ha hecho el hombre lo hicieron los terremotos, en un trastorno que ha cobrado audacia y velocidad empresarial presionando en su afiebrada carrera espacios que, en un crecimiento armónico con cimientos emplazados en el bien común, optimizarían una distribución inteligente de las estructuras que nos traen patas arriba.

Distintas administraciones comunales querían el crecimiento y un puerto protagonista de entrada y salida de gran tonelaje de carga, pero, no apreciaron su estructuración con visión de futuro. Los inmediatistas de entonces entregaron a pobladores espacios contiguos a la zona portuaria para fines habitacionales y la flojera mental abandonó la playa de Lloleo a su suerte.

A la fecha, la reserva verde del Fundo El Piñeo, el espacio natural que regula el curso del estero El Sauce y la playa de Llolleo están en la mira de inversiones que cierran espacios al desarrollo humano en crecimiento, en cuya única salida al mar, como antesala de un Mega Puerto, en proyecto, se anuncia un gigantesco aparcadero de transportes contaminantes lo que ya genera una fuerte presión del humedal que ambientalistas conocidos parecen haber olvidado.

Lo concreto es que se está encajonando nuestro entorno con premeditación y alevosía.

Digo yo.

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