REFLEXIONES

¿PROGRESO? (Ramón Acuña Carrasco).

El progreso que conocemos arrastra consigo un feo acompañante imposible de ocultar. Congestión vehicular y consiguiente acumulación de gases de motores, residuos particulados de graneles minerales y vegetales, tránsito de corrosivos y fecas contaminando el aire que respiramos. En los años 80, agredidos por la pestilencia de las pesqueras preguntábamos: “Y los filtros. ¿Cuándo?”. El vendaval de la historia barrió esas industrias y con ellas la muy débil intención de reducir sus emanaciones contaminantes y la ninguna voluntad ambiental de obligar a las infractoras a cumplir las exigencias de su manejo.

La retrospectiva de los años vividos por aquí confirman que somos una larga y angosta faja de improvisaciones y hechos consumados. Y que la permisividad de siempre abre la ciudad a la fragancia de emplastos decimonónicos generados por el ácido sulfúrico y a la pestilencia de gallinero viejo proveniente de los insólitos depósitos que “el progreso” emplazó a pasos del centro administrativo de la comuna.

Las partículas en suspensión de las dunas de “chips” las podrás aspirar de tus muebles y quitar de los automóviles, pero, no podrás hacer lo mismo con bronquios y pulmones, tampoco deshacerte de la inhalación de gas de motores, especialmente, cuando duermes. El crecimiento acelerado del puerto y la proliferación de servicios accesorios que va arrastrando , exigen un severo control que dé término al “dejar hacer, dejar pasar” entendido como bienvenida a inversiones, que, a poco andar, se convierten en pesadilla, deteriorando tu calidad de vida y la pérdida de plusvalía de los bienes adquiridos. De no ser posible un golpe de timón en esta materia, sería un deber otorgarle la razón post mortem al arquitecto Víctor Morán cuando propugnaba un trazado hacia las tierras altas para ir a la refundación de la ciudad de San Antonio. Y reconocer que no tenemos una visión de futuro conocida.

El arribo del Metrotren de Santiago a Melipilla daría al Litoral Central el perfil de un gran dormitorio de insospechadas proyecciones, lejos de las golondrinadas conocidas. ¿Por qué no solidarizar con Melipilla en su intento? ¿Y explorar caminos hacia una Región Verdiazul? En los inicios de este siglo cualquier iniciativa puede ser. Al parecer, todas, menos una, prohibir la circulación de transportes de carga por el puente de Llolleo y alrededores.

Y recuperar aire limpio. Hay formas inmediatas de hacerlo.

Digo yo.

Julio.2012.


Fotografia publicada en "El Mercurio" ......................................................Fotografía publicada en "El Líder"

 

DERECHOS CIUDADANOS. (Ramón Acuña Carrasco)

En una sociedad con fuerte influencia anti valórica y con ventajas alcanzadas a cualquier precio pareciera ser una quijotada vieja cuando no una insanía sin regreso el defender un derecho que no va en tu beneficio personal. Le oí decir alguna vez a don Francisco Cumplido, el jurista y humanista cristiano, avecindado por aquí cerquita, de la necesidad que las personas conozcan, hagan uso y defiendan sus derechos ciudadanos en toda circunstancia y lugar, facultad que la consagra el Artículo Primero de la Constitución Política del Estado cuando dice : “Las personas nacen libres e iguales en dignidad y en derecho.”

Amigo, primero es el grito ante la injusticia o la inobservancia del precepto legal. Suele suceder que, si por ausencia, desconocimiento o simple flojera mental, dejas ese derecho a la intemperie alguien se apodera de él, lo viste a su imagen y semejanza arrogándose tu inconsulta representación y la de muchos otros. De ahí en adelante su recuperación se torna muy difícil porque tú, sin quererlo, sentaste, por tácita delegación, el funesto precedente del silencio. Ante los hechos consumados es posible que alguien trate de explicarte lo inexplicable, si le nace. Lo más probable es que calle amparando su postura en la razón de la sinrazón. De ahí a la prescripción hay un paso. Si, finalmente, caes en la cuenta que has sido sobrepasado, aún te queda “el derecho a pataleo” y eso, corrientemente, ocurre cuando se han cerrado todas las puertas y toditas las apelaciones.

La defensa de los pequeños derechos de cada día conduce a la defensa de los grandes derechos por los cuales hay que seguir luchando. Pero, amigo, la ley no basta por sí misma; hay que conocerla, invocarla y difundirla. Y no titubear en alzar la voz cuando sea sobrepasada. Para causa tan loable nos habilita la Constitución Política del Estado, lo manifiesta la Cultura Democrática y lo proclama la Participación Ciudadana.

Digo yo.

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