PROPINA GRANDE. (Ramón Acuña Carrasco). La larga y angosta faja de hechos consumados está en acción. “Todo se hará conforme a reglamento”, se dice, en tanto el “lobby” hace lo suyo echando a rodar un intento de aporte de una suma considerable para nuestro desarrollo, oferta que suena a una compra indirecta del aire que perderemos si el apremio de la respetable corporación inversora se saliera con la suya; desde luego “todo dentro de la norma”. Es un lugar común que ante la defensa del medio ambiente se diga “no existe la ley”, y que cuando la norma, clara y radiante, está ahí, comience el pololeo. ¿De qué norma estamos hablando?, porque hay una que “el progreso” viola a cada rato. Hablando de ácido sulfúrico, según lo manifestado por don Gastón Pereira Massei, arquitecto, ex Gobernador de la Provincia de San Antonio y ex Director de la Dirección de Obras de la Ilustre Municipalidad de San Antonio, “el Artículo 3.10 del Plan Intercomunal que está por sobre el Plan Regulador Comunal prohíbe expresamente que las industrias y/o bodegas peligrosas puedan instalarse en las áreas urbanas y que el Artículo 26 de la Ordenanza del Plan Regulador Comunal establece que en la Zona Portuaria ZP, ubicada en el área urbana de San Antonio, donde se desea instalar los almacenamientos de ácido sulfúrico, no se permiten industrias ni bodegas peligrosas.” Ante un texto legal como este no caben sugerencias acomodaticias. El Síndrome de La Greda no se resuelve metros más allá ni metros más acá del área prohibida. ¿Qué tan transable es una disposición que nos protege de peligros que el proyecto no puede ocultar? Una fundación de adelanto, en otras circunstancias, sin interesadas ni indirectas condiciones, sería bien recibida. Pero, no a cambio de las llaves que abren puertas a un riesgo concreto que la naturaleza puede generar con fuerza incontenible. Hay que desconfiar de las propinas grandes. Una vez sentado el precedente otras ofertas como esta vendrán hasta convertir al primer puerto de Chile en un sucio resumidero sin vuelta atrás. Si no gritamos ahora no nos quejemos después como ocurre con el Mall Casino que dejó sin vista al mar al centro comercial de Centenario y una torre de cristal, a la fecha, convertida en blanco de gaviotas grafiteras. Cuando el daño causado termine en disculpas de altos personajes, como suele ocurrir, la Historia te va a preguntar : Y, tú ¿dónde estabas? ¿Se puede vender el aire? Julio.2012
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